El sofá amarillo nº 5 : Me duele la espalda.

 

Me duele la espalda. Estoy sufriendo… Nunca me había dolido tanto…

Estoy desesperada y eso me hace cometer imprudencias. Como ahora mismo… Estoy en la Plaza de los Remedios, buscando a un hombre. ¡Qué locura, por Dios! Dicen de él ,que cura todas las dolencias y yo necesito que alguien me ayude. Las calles que circundan la plaza están oscuras, muy oscuras y empiezo a tener miedo.

Oigo unos pasos y, de la oscuridad, emerge un hombre vestido con una túnica. No puedo dejar de observar esas estrellas brillantes, que decoran el raso azul . Levanto la vista y veo que lleva unas gafas grandes y…esa melena rubia de bote ¡Oh, no! Me siento decepcionada. Es terrible que mi potencial sanador sea un imitador de Rappel. Le quita credibilidad. No quiero ni imaginarme la posibilidad que lleve un tanga de leopardo, debajo de esos ropajes…

Me hace un gesto con la mano y lo sigo, recorriendo esas calles tenebrosas. ¿Pero qué hago aquí? me pregunto pero, entonces, algo me presiona la espalda , tira hacía abajo y me hunde en el intento. Duele.

Estoy aquí por el dolor. Quiero que me lo quite.

Al final de nuestro camino, hay una curva pronunciada que esconde un paraje maravilloso. Me sorprende el cambio repentino de texturas, pero no le doy muchas vueltas. Tampoco al hecho  que estoy siguiendo a un tipo que va disfrazado de Rappel. La luz natural de las cientos de estrellas que titilan en el cielo, son suficientes para iluminar el hermoso jardín de margaritas. Hay miles y parecen sonreírme. En el centro de ese estallido floral, hay una caravana. El hombre me dice que vive allí y me invita a entrar.

Empiezo a caminar entre las margaritas, en dirección a la caravana que ya tiene la puerta abierta. Una luz blanca, suave pero radiante a la vez, se escapa del interior. En el mismo instante que rozo las flores, desaparece la sensación de inquietud que me ha embargado en la Plaza de los Remedios. No sé cómo pero estoy descalza y siento la hierba fresca bajo mis pies.

El hombre ya no se parece a Rappel. Viste una camisa blanca y unos jeans y también va descalzo. Me explica que cada Carnaval, le toca disfrazarse de un vidente famoso. Sonríe cuando me indica que el año anterior le tocó Paco Porras. Es una explicación lógica al extraño atuendo con el que me ha recibido . Lo que no la tiene, es que yo esté descalza, en medio de este campo de margaritas pero…no pregunto. No digo nada. Presiento que mi espalda va a estallar de un momento a otro. Tengo ganas de llorar.

Entro en la caravana. Todo es blanco menos…menos este sofá amarillo en el que me invita a sentarme. Lo hago. No importa que este en medio de la nada , con un hombre desconocido . Lo único importante es sentarme en ese sofá amarillo.

Lo hago con mucho cuidado. Mi espalda está rígida. Mi alma, también. Y me siento sola. Cuando me acomodo contra el respaldo, siento una extraña brisa que refresca el ambiente. El aroma de margaritas me envuelve.

El hombre me mira a los ojos y , de verdad, me ve. Y lo ve todo. Me pide que lo deje salir. Que se lo entregue. Cada vez estoy más cómoda y mi columna vertebral empieza a ser moldeable. Me duele menos.

Lo saco. Le hablo. Lo digo todo. Se lo doy. Comparto lo que me pesa, lo que me hace hundir los hombros. Poco a poco, pacientemente, saca la pesada losa de mi espalda.

Ya no duele. Las flores me regalan el alivio.

Ya no duele.

La caravana no está. Ni el hombre. Sólo yo, mis pies descalzos y este gran prado lleno de margaritas…

(…)

El despertador interrumpe mi sueño. ¿Margaritas? Me desperezo con lentitud : estiro mis brazos, estiro mi cuello y, por fin, estiro mi espalda. Es flexible y responde . Se alarga, cruje y reposa.

Abro la ventana . El cielo parece transparente y hay una luz preciosa. Siento, de repente, que no puedo desaprovechar este día. Estoy aquí y es hoy.

De camino a la cocina, en busca de mi café,  me tropiezo con el sofá beige mortecino que decora mi salón. Me golpeo el pie, en el meñique  y siento un dolor intenso que interrumpe mi estado flower power pero, cuando me agacho para frotarme mi dedo pequeño y dolorido, mis manos se enredan con una margarita prendida en el dobladillo del pijama.

Decido que voy a cambiar el sofá. Voy a comprar uno de color amarillo.

Me pongo la margarita en el pelo y sonrío.

Ya no duele.

 

12 pensamientos en “El sofá amarillo nº 5 : Me duele la espalda.

  1. ^Pues a mí me duele el cuello desde hace meses. Me voy a comprar un sofá amarillo y sobre todo un tiazo en jeans con la cara de Hugh Jackman que de masajes, a ver si se me pasa, je,je,e
    Besitos
    Ana

      • Pues no sé donde se compran. Podrías hacer un posts sobre eso, pero oye, un masajito bien dado, con manos potentes y por un señor estupendo, pues oye, que yo me apunto, y que luego me llamen materialista o lo que quieran, pero un momentazo así en un sofá amarillo debe ser la leche, ja,ja,ja,
        Ana.
        (Oye,que últimamente cuando entro a tu blog, las letras se cambian y se hace grande o pequeño y no sé por qué)

  2. Yo tengo casi la mitad solucionada, pues como ya te comenté en casa tengo un sofá amarillo, así que con sentarme en él se me quitan todos los dolores y cuando los dolores persisten, viene un tío macizo, que es mi hijo Carlos, y me da una masaje que me hace sentir como los ángeles. ¿Qué te parece?
    El relato del sofá nº 5 es muy sugestivo y además tiene un final ingenioso.
    Un abrazo

    • Yo me compro el sofá amarillo , ya! si tu hijo Carlos ( te has arriesgado mucho al poner “tío macizo” ) va adjunto y ofrece masaje ( y otra vez , mucho riesgo cuando dices “que me hace sentir como los ángeles”). ¿Qué que me parece? Me da una envidia ( amarilla) que no veas ( es de la buena!).

      Un beso, Mercedes

    • El siguiente que me toca ( es curioso como me autoimpongo estas cosas . Crazy, crazy…) es “Aquí lo hicimos”. ; – )
      Nunca pensé que este sofá amarillo me diera tanto juego…
      Gracias por lo de nivelón. Un abrazón.

  3. Siento la hierba fresca en la planta de mis pies; si, una ligera brisa me rodea; abro los ojos y está todo lleno de margaritas… uhmm. Me siento un poco hippie (pero de las que van duchadas, con vestido vaporoso, y el pelo lleno de florecitas ;- ) ) Besos.

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